19 may 2011

¡LA PATAGONIA NO ESTÁ EN VENTA!

El día nueve de mayo del presente año se aprobó la primera etapa del mega proyecto hidroeléctrico Hidroaysén, en medio de un gran descontento popular manifestado en la calle y que nuevamente ha sido objeto de una fuerte represión por parte del Gobierno de los ricos en Chile. Es así como nuevamente somos testigos de la potencia política de los intereses de los grandes grupos económicos que, controlando el Estado, explotan sistemáticamente al pueblo y el medio ambiente.

Una vez más en nuestro país se ha intentado engañar a la sociedad, en este caso en particular, exponiendo a la opinión pública enormes mentiras con respecto al tema energético. Los medios de comunicación tradicionales, han puesto todo de su parte para hacer creer que al 2020 necesitaremos por lo menos tres o cuatro veces más energía de la que el país requiere actualmente, sin mencionar que son las empresas mineras privadas y las grandes industrias quienes sostienen esta necesidad.

Contrariamente, se juega con la sensibilidad del pueblo manifestando que serán los más pobres quienes se verán expuestos a una carencia energética, mediante racionamientos o el alza en los precios de la electricidad.

Ahora bien, para obtener dicha energía se establece que Chile no puede ser energético-dependiente, sino que debe tener sus propias matrices en este ámbito. Por 20 años la Concertación ha aprobado innumerables proyectos termoeléctricos y en este nuevo gobierno de derecha, vemos que la apuesta por la generación de energías limpias tampoco es tomada en cuenta, pues se argumenta que ningunas de ellas (energía eólica y solar), son sustentables solas por sí mismas, cuando tenemos el desierto con más radiación del mundo y los vientos más fuertes en el sur del país. Muy por el contrario se siguen aprobando proyectos como Hidroaysén que sacrifican en forma indiscriminada el medioambiente y que no son duraderas en el largo plazo. Las razones de fondo de estas iniciativas no tienen más explicación que el tráfico de influencias, en pro del enriquecimiento de grandes transnacionales, donde además participan las familias más poderosas del país.

Ante esta situación declaramos:

1) Nos oponemos tajantemente a proyectos como éstos, que en manos y en beneficio de unos pocos generan un alto impacto ambiental irreversible. Creemos que mientras no exista en nuestro país una política energética sustentable, debidamente planificada y en beneficio de las mayorías, seguiremos al arbitrio de éstos pocos pero poderosos privados que con sus sedes en el gobierno están hipotecando hasta el aire.

2) Demandamos que la producción de energía sea un asunto de Estado, con financiamiento propio y sujeto a estrictas regulaciones que promuevan la generación de energías limpias. Rechazamos abiertamente todo tráfico de influencia dentro de la toma de decisiones de este tipo de asuntos, exigiendo que sea el pueblo quien apruebe o rechace estas iniciativas a través de consultas populares y no simplemente desde autoridades gubernamentales que sabemos por lo demás que están estrechamente ligadas, comercialmente, a Colbún y Endesa.

3) Llamamos abiertamente a la población a rechazar las mentiras de los grandes medios de comunicación, los que con descaro se han empecinado en limpiar la imagen de este nocivo proyecto energético.

4) Por último invitamos a todos a sumarse a la movilización nacional del 21 de mayo, en rechazo a Hidroaysén y todos los atropellos que recibimos a diario de este gobierno empresarial, mentiroso, destructivo y ladrón.


¡¡Basta de regalarles nuestro país y sus recursos a empresas extranjeras que lucran con nuestro patrimonio!!

¡¡Basta de la represión al pueblo cada vez que quiere hacer escuchar su descontento!!

¡¡Basta de mentiras en los medios de comunicación!!

¡¡Por la plena soberanía del pueblo sobre sus asuntos productivos y estratégicos!!


Sembrando Proyecto Popular

En un nuevo primero de mayo: Más que nunca es necesario sembrar proyecto popular

En un nuevo primero de mayo no pretendemos señalar una vez más los motivos que permiten que este día se reivindique en el calendario como nuestro día, el día de los trabajadores y trabajadoras. Bastará recordar que si es feriado es gracias a las luchas, por justas reivindicaciones, que paralizaban año a año la producción ejerciendo un poder que los poderosos no podían controlar. En la historia ha sido una fecha de movilización y lucha, jamás de fiesta o celebración.
Los trabajadores a lo largo de la historia han luchado por una vida digna y feliz, y por ello han levantado las banderas de una transformación radical como el camino para llegar a esa felicidad, han sido alegres constructores de un proyecto popular que nos permita tener una patria donde nuestros hijos e hijas crezcan libremente, sin las ataduras del mercado, sin los grilletes del patrón. En esa senda las dirigencias sindicales han asumido la labor entregada por sus pares, viviendo y luchando junto a sus hermanos de trabajo con quienes comparten turnos y labores.
Hoy la situación es distinta. Las trabajadoras y trabajadores, producto de una larga noche dictatorial, de la precarización de nuestras vidas y de una nefasta política de atomización, nos vemos aislados. El individualismo neoliberal impuesto nos insta constantemente a la reclusión, a alejarnos de los espacios de construcción. Ese escenario ha sido propicio para la transformación de las dirigencias sindicales en reproductoras de las políticas del estado, elevándose muchas de esas dirigencias como burocracias alejadas y ajenas a nuestra realidad, esquema planificado y utilizado por los poderosos.
Ya no basta con marchar año tras año solicitando a las autoridades de turno que nos den un sueldo justo y un trabajo digno. Debemos avanzar de la lucha económica a la trinchera política, hemos de ser alegres constructores y constructoras de un proyecto popular, que se sostenga en un trabajo de base alejado de los partidos y dirigentes políticos que han servido a los patrones perfeccionando el sistema neoliberal, que nos abra al camino de liberación. Sin ese proyecto nuestros destinos seguirán atados a las decisiones de los empresarios y los inquilinos que habiten el estado.
Para terminar con la injusta subcontratación que genera trabajadores de primera y segunda categoría, para que nuestros sueldos no nos obliguen a endeudarnos para vivir y educarnos, para que la mujer trabajadora sea respetada y tenga un posnatal invariable que permita acompañar a los hijos en sus primeros meses. Nuestro deber es prepararnos; rearmarnos políticamente y volver a ser militantes de la vida, volver a ser ejecutores y defensores de un proyecto de las y los trabajados junto a los diferentes actores del pueblo en lucha.
Es por eso que creemos que las demandas hacia el estado y los empresarios no son suficientes, también han de ser hacia nosotras y nosotros mismos: hacia un compromiso con el proceso revolucionario que esta sociedad requiere. Para ello tenemos que recuperar nuestras organizaciones sindicales, barriales y estudiantiles; reinventarlas, coparlas y ponerlas a disposición de un proyecto popular.
La construcción de un proyecto de poder desde y para el pueblo es la única garantía de un futuro digno para nuestras familias. Solo siendo participes de dicho proceso de transformación terminaremos con la subcontratación, los bajos sueldos, la explotación y opresión que de forma cotidiana respiramos en cada turno en nuestros trabajos. Defendiendo férreamente los derechos conquistados con años de lucha de nuestros padres y madres, forjando sueños y tejiendo lazos de unidad hemos de andar a paso firme en nuestra senda de liberación.


Sembrando proyecto popular

 
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